domingo, 14 de noviembre de 2010

HOY LOS ÁNIMOS NO ESTÁN BIEN

Los ánimos es una expresión imperfecta, pero suena bonita. Suena a compañía, a plural, a que somos muchos los desanimados y éso anima. Parece mentira, pero es así: muchos desanimados pululan por el mundo, por lo que no soy la única. Es como un consuelo. Vaya, que si lo es, es un consuelo tonto; tontorrón como me gusta llamarlo.

Hoy, apenas abrí los ojos, me sentí muy triste. Me dieron muchas ganas de llorar y tengo la desgracia de no poder llorar. Si acaso se me quiebra la voz, lloro sólo un poco, o me quedo muda; pero no voy más allá. Dicen que las lágrimas purifican y, si es así, nunca seré purificada. Sigo con deseos de llorar a mares, de no parar al menos por una hora.

Hoy me siento muy sola. Quiero estar ya ya en Barcelona o en A Coruña. Allá todo esto sería menos doloroso. Recuerdo a Rosalba dándome masajes en mis piernas -durante mi hospitalización- para que no se me formaran trombos (así lo entendí). O poniéndole crema a mis piernas. En fin, una forma de cariño de mi hija. Ahora no hay quien haga tal cosa. La buena voluntad de mis amigos no suplirá jamás el afecto de mis hijas.

Hoy estoy triste. Mañana me hacen los estudios y ellos me dan miedo. Sé que mañana volveré a sentir dolor inducido, mucho más del que ya tengo a causa de mi no se qué en mi seno rojo. Me pondrán una bata desechable que no me gusta porque, a partir de que vista esa bata, pierdo autonomía y quedo a merced de una desconocido que hará conmigo lo que le apetezca. Ojalá considere mi estado y no lastime a mi seno rojo. Detesto perder autonomía y depender de otros. Eso es justamente lo que más me molesta de una clínica o un hospital, y esa luz clarísima que me encandila.

Evita, ¿dónde estas? Si estuvieras aquí me dirías: "Ma, todo va a salir bien". Cuida a tu hermana que, por muy médico que sea, es más frágil que tú. Temo que la angustia le empeore el asma. La prioridad siempre serán ustedes hasta el último día de mi vida. Lo que más me angustia es causarles dolor. Lo ideal sería que las madres siempre le den  alegrías a los hijos y ese ideal no se está dando en mi caso y lo lamento. Pido disculpas a las dos.

Mientras viva quiero registrar cada momento de este proceso, pero no como una historia médica, como lo hice en Santiago de Compostela, donde no tuve valor para expresar mis sentimientos porque todo era tan fuerte que me fue imposible escribir al respecto y me limité a crear esa especie de auto historia médica que tanto les molestaba a los médicos.

Ojalá hoy logre llorar. Sería un éxito. Lo necesito. Como en la vida se hacen concesiones, éxito para mí sería llorar. El éxito que todos añoran lo desterré de mi vida a partir de la hospitalización en Santiago de Compostela que me enseñó que en la vida hay cosas más importantes que el éxito con el que todos sueñan. A partir de entonces, envié mi ego a una isla oscura de donde nunca podrá salir. Me volví una especie de ermitaña y bajé mi perfil para darle paso a las cosas más sencillas. Hoy muchos me conocen y, sin embargo, pocos tienen acceso a mí. No lo pueden tener porque cómo les explico que si lloro me sentiré la mujer más exitosa del mundo porque sólo busco ser humana en vista de que el mundo se llenó de androides y me niego a ser una más.

Yo no renuncio a ser humana. Y ser humana conlleva sufrimiento y dolor físico. Lo asumo con todas las consecuencias.

No tengo ninguna intención de ocultar mi tristeza porque ésta no es una vergüenza, y razones para estar triste me sobran. Ocultarla sería un acto de soberbia en la que no voy a incurrir.